Ayudando a mi hijo a integrar el hábito de estudio

Estas y otras preguntas nos las hacemos a diario como padres. Si quieres que tu hijo o hija integre progresivamente el hábito de estudio te recomiendo una serie de consejos que pueden serte de utilidad para ayudarle.

¿Porqué mi hijo no es independiente en el estudio? ¿acaso no aprende en el colegio? ¿porqué acabamos siempre enfadados? ¿debería ser aconsejable que recibieran clases de repaso?

  1. Establece un lugar idóneo fuera de distractores: El escritorio en su habitación es el mejor lugar para hacer la tarea, siempre que sea aséptico, es decir, que no tenga al su alrededor elementos que puedan despistarle. Una mesa despejada, sólo con lo esencial (cuaderno, libro, estuche) le ayudará a estar más centrado. Eliminar móviles durante el tiempo de dedicación al estudio también es primordial.  Si debe manejar información de internet, es recomendable que la tenga preparada previamente.
  • Ponle un tiempo concreto de dedicación: Para evitar que la realización de los deberes se vuelva interminable, establece un principio, pero también un final. Es decir, el niño debe ser consciente cuándo acabará sus quehaceres escolares y podrá volver a disfrutar de su tiempo de ocio. Ello favorecerá la motivación (“dentro de media hora me voy a jugar a pelota”) y también la concentración, dado que, tiempos cortos permite que aumentemos en eficacia y eficiencia, reduciendo así la distracción. El cálculo del tiempo vendrá determinado por la edad de nuestro hijo (niño o adolescente) y el volumen de tarea. Se recomiendan tiempos no más prolongados a 45 minutos en secundaria y de 30 minutos en primaria. Una vez finalizado el tiempo podrá marcharse a jugar. En situaciones dónde el niño se ha concentrado pero el tiempo no es suficiente dado el nivel de demanda de tarea, descansaremos 10 minutos y volveremos a calcular un nuevo periodo de tiempo que sea suficiente para la finalización.
  • Favorece su concentración. La concentración sigue un proceso similar al de una campana de Gauss. Me inicio en la tarea y me concentro progresivamente, luego me mantengo en un punto álgido, y posteriormente voy bajando. Este periodo suele durar unos 45 minutos, tiempo suficiente para realizar la tarea en situación normal.  Por tanto, es recomendable que el niño o el adolescente establezca periodos de estudio de 45 minutos, donde las tareas más fáciles las pongamos al final, las de dificultad media al principio, y las más difíciles en el medio, siguiendo la variabilidad de la concentración. Por ejemplo, imaginemos que nuestro hijo trae del colegio 3 ejercicios de lengua, 4 de matemáticas y pintar un mapa. Nos sentamos con él y le ayudamos a organizarse: “¿qué te resulta más fácil?” “pintar el mapa”-nos contesta. “Pues lo dejamos para el último lugar, cuando tu concentración es más baja. ¿y lo que es más costoso?” “los ejercicios de mates, mamá, ya lo sabes” “pues los ponemos en medio, entonces empieza con lengua”.
  • Evita el conflicto: Es muy importante desligar el conflicto de la situación de estudio. Cualquier problema de comunicación entre padres e hijos ante la interiorización de hábitos produce un efecto altamente negativo. Por tanto, nosotros como padres debemos tener claro que somos responsables de proporcionarles las condiciones adecuadas y el tiempo para que nuestros hijos se dediquen a la tarea escolar, pero no somos responsables de su realización. Son ellos los que tienen el compromiso con la escuela, y debe ser el maestro y el alumno los que gestionen esta situación en cuanto a resultados. Mientras como padres nos sintamos responsables del rendimiento de nuestro hijo, ellos no lo asumirán.  Seremos por otro lado consecuentes en que así como tras las obligaciones está el ocio, no podrá tener ocio si no cumple con sus obligaciones, pero eso ya será decisión suya, no es un castigo impuesto.
  • Elimina progresivamente la sobre ayuda.  Si nos encontramos ya en una situación en la que nuestro hijo es totalmente dependiente, nuestra finalidad es que, progresivamente se vaya haciendo más autónomo. Debemos ser conscientes de que la ayuda continuada a nuestro hijo traslada dos mensajes. El primero de amor “yo te ayudo porque te quiero”, pero el segundo, de incapacidad “yo te ayudo porque tu no eres capaz de hacerlo solo”. Este último mensaje es altamente negativo para el desarrollo de su autoestima. Por tanto, a partir de ahora, en situaciones en la que veamos que puede realizar una tarea específica solo, debemos ausentarnos con cualquier excusa, para posteriormente volver a su lado. A la vuelta reforzaremos su actuación independiente y, progresivamente iremos levantándonos más tiempo hasta que experimente, satisfecho, que es capaz.

Helena Alvarado es psicóloga sanitaria, pedagoga terapeuta y logopeda habilitada en el Instituto Balear de Pediatría

www.helenaalvarado.cat

PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO @CRIATURES DEL @DIARIARABALEARS

MAYO 2021

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