El boletín del viernes: o como mejorar la conducta de nuestros hijos de manera sencilla

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Cada vez más la infancia y la adolescencia se adentra en problemas más complejos determinados no sólo por características personales, sino por modelos sociales y familiares, que afectan directamente a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Así mismo, intervenciones terapéuticas que resultaban efectivas en su momento, marcadas por una orientación conductual, han dejado de serlo, y, en la actualidad,  precisamos de estrategias eficaces y eficientes adaptadas a los niños y jóvenes que son muy diferentes a como éramos nosotros antaño. 

La terapia estratégica breve, es en la actualidad, un modelo riguroso y reconocido por parte de las comunidades científicas dedicadas a la salud mental, que propone y dispone de herramientas y recursos óptimos para abordar las dificultades de la población infantil, joven y adulta. Una de ellas, dirigida a niños y adolescentes es el boletín del viernes.

EL BOLETÍN DEL VIERNES

El boletín del viernes es una estrategia educativa para la mejora de la conducta de nuestros hijos en sus tres pilares básicos: el respeto hacia los miembros de la familia, la colaboración en casa y la dedicación al estudio. La finalidad es afianzar estas tres responsabilidades para un buen funcionamiento personal y familiar.  Dentro de estos tres temas, complejos, amplios y esenciales, cada familia debe decidir cuál es su objetivo en cada uno de ellos, si bien pueden ir variándolos una vez conseguidos los tres escogidos, por ejemplo: hablar bien, poner la mesa y hacer los deberes. Todo objetivo estratégico que se precie debe ser SMART:  eSpecífico, Mesurable, Acordado, Realizable y Temporalizado. Es decir, deben ser conductas que podamos observar y medir si se realizan o no, y no conceptos abstractos como “ser amable” “tener autoestima” o “portarse bien”, que dependería, en gran medida, de la subjetividad del observador. Los objetivos deben ser formulados en positivo, es decir, debemos referir “hablar bien” en vez de “no insultar”, indicando el modelo deseado y no el no deseado. Una vez determinadas las conductas a instaurar se hará lo siguiente:

«Cada noche, otorga a tu hijo una puntuación, del cero al diez, en base a su conducta diaria: considera por ejemplo si ha hecho los deberes, si ha puesto la mesa, si ha sido respetuoso con vosotros, hablando en un tono adecuado sin improperios. Toma su nota global en una pizarra. Al final de la semana, el viernes, vuestra hijo recibirá la recompensa sólo si ha logrado el aprobado y en función de la nota recibida. Mensualmente, se hará una nueva media de las puntuaciones, y sobre esta base se podría decidir que merece por su esfuerzo.  Además, es indispensable evitar cualquier conversación inútil, se debe evitar, por ejemplo, discusiones sobre la escuela o el comportamiento en casa, lo único que hay que hacer es observar».

La percepción de la realidad

Tanto el padre como la madre puntuarán los tres objetivos a conseguir desde su percepción de la realidad. ¿Y eso qué quiere decir? Que es probable que discrepen en el grado de importancia de cada uno de ellos, basado en aspectos cognitivos, su lenguaje interno y sus experiencias educativas. La madre, por ejemplo, puede considerar que el respeto es lo más importante, y, por tanto, si su hijo  ese día ha le ha pedido las cosas por favor y ha facilitado la comunicación entre ambos, considerará que ese día la nota será alta. Mientras que el padre, si da más importancia a los estudios, y ese día, no ha acabado los deberes, consideraré que merece una puntuación menor. Cada progenitor pondrá una nota independiente y ajena a la vivencia del otro, sólo en relación a lo que ha observado, y no interferirá en la nota final que su pareja ha considerado. De ambas, se hará una media y esta nota final será la que el hijo tendrá ese día.  En familias monoparentales, lógicamente, sólo se tendrá en cuenta la nota del único progenitor.

El aprendizaje vital de dar y recibir

Al final de la semana, el viernes, se realizará la media de la nota obtenida y vuestro hijo recibirá un reforzador, el fin de semana,  acorde al esfuerzo realizado. Es decir, recibirá aquello que ha dado. Este aprendizaje vital es de gran utilidad educativa ya que ayuda a nuestros hijos a integrar el hecho de que los beneficios no son gratuitos ni inmediatos y deben ganarse con esfuerzo, eliminando la creencia, tristemente generalizada, de que son merecedores de todo nuestro esfuerzo sólo por el hecho de ser hijos. Podemos programar  con ellos reforzadores en función de la nota, implicándolos en la dinámica, lo que genera una gran motivación para conseguir el objetivo: por ejemplo, un 6 correspondería a ir al parque el domingo, un 7 ir a casa de un amigo a pasar la tarde y un 9 invitarlo el fin de semana a casa e ir de excursión.

La capacidad de reparar

Otro de los aspectos esenciales de esta estrategia,  es la enseñanza de la capacidad de reparación. Es común que, si nuestro hijo tiene un mal comportamiento, nosotros, de modo automático, tengamos la tendencia a castigar y eliminar aquello que ellos tenían como interés más inmediato, por ejemplo “no vas al cumpleaños del sábado”. Una acción-reacción que no tiene posibilidad de disuasión, ya que no sería un buen aprendizaje educativo para ellos. Muchas veces, ese castigo insta a rebelarse y a empeorar todavía más la conducta los siguientes días, con la creencia personal de nuestros hijos de “ya no tengo nada que perder” o “de perdidos al río”. En el caso del boletín del viernes, ateniéndonos al hecho de que el niño tiene una nota cada día, si uno de esos días tiene un comportamiento inadecuado, y por tanto, una mala nota, podrá reparar el daño realizado compensándolo con una buena conducta los días venideros, mejorando la media global y consiguiendo un refuerzo positivo (aunque menor). Eso da significación a la posibilidad  de compensar el  daño ocasionado.

Por tanto, con esta estrategia sencilla (pero compleja en esencia) trabajamos educativamente y de forma primaria,  la integración de responsabilidades personales y familiares en nuestros hijos,  y, secundariamente (pero no menos importante) aprendizajes vitales tan importantes como dar para recibir y reparar positivamente el daño realizado a los demás, potenciadores todos de una buena adaptación en la vida adulta.

Libro recomendado: Cuando el amor no basta. Consejos eficaces para resolver los problemas entre padres e hijos adolescentes. Andrea Fiorenza. Editorial Planeta.

Helena Alvarado es psicóloga, pedagoga terapeuta y logopeda habilitada.

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