La intención positiva

Hoy tienen cita Juan y su padre Pedro. Primero entra a consulta su padre, y un poco molesto me cuenta que han tenido problemas para llegar a tiempo. Juan tenía ganas de provocarlo y ha alargado al máximo la hora de salir de casa. Cuando él le ha instado a marchar, Juan todavía estaba en el baño y se entretenía peinándose, cuando siempre se le debe insistir para que lo haga.  Pedro ha interpretado claramente que esta conducta era una provocación directa hacia él, un pulso de poder. Cuando acaba de explicarme las dinámicas familiares que se han dado aquellos días, sale y entra Juan, que me explica que hoy el padre ha enfadado mucho “yo sólo quería peinarme como él, mi padre es muy guapo”.

¿Qué ha pasado aquí? Está claro que se ha generado un conflicto al atribuírsele a Juan, por parte del padre, una clara intención negativa. ¿Cuántas veces interpretamos la realidad de esta manera y, en vez de que la situación sea armoniosa, se convierte en un problema relacional? El padre ha interpretado la actitud de Juan como una provocación contra él, y Juan, sin embargo, quería tomarlo como modelo ante la admiración que le profesa. Es importante detenernos a pensar que nuestra percepción de la realidad no es la única posible, y que nuestro juicio de valor probablemente tiene más de una lectura. El análisis de la intención positiva nos permitirá salir de nuestro marco cerrado de visión e intentar ir más allá, buscando miradas estructuradas, que van hacia la resolución del conflicto y no a su alimentación.

Desde el modelo de programación neurolingüística (PNL), se indica que cada uno de nosotros intentamos funcionar de la mejor manera posible en función de los recursos que tenemos a nuestro alcance. Esta intención positiva que es quizás para un mismo (un beneficio propio), por el otro (hacia la persona que amamos, por ejemplo) o hacia el mundo (por ejemplo, un voluntariado), tiene como finalidad la satisfacción, el bienestar. La intención positiva permite ver la conducta del niño, adolescente o adulto desde una perspectiva positiva, eliminando la interpretación negativa de la realidad que nos conecta directamente con emociones desagradables. Si yo como padre de Juan interpreto que mi hijo me está provocando, emergerá en mí un sentimiento de rabia teniendo muchas posibilidades de no gestionar adecuadamente mis propias emociones y afectará la comunicación entre ambos. Si, en cambio, le pido para qué quiere dedicar tanto tiempo a peinarse, y me contesta que es para parecerse a mí, me sentiré orgulloso y le ayudaré a peinarse igual que yo para poder salir lo antes posible de casa. La demanda del para qué nos lleva a la funcionalidad positiva, conocer de qué le sirve hacer aquello en aquel momento, ampliando claramente nuestra mirada de la situación hacia un universo en equilibrio. Por lo tanto, la intención positiva favorece la eliminación de los sentimientos de culpabilidad que detrás de cualquiera que está bloqueado en una comunicación relacional que no es satisfactoria.

Un concepto que se puede relacionar directamente con la intención positiva es lo que hace alusión a la contribución a la situación. Es decir, tras analizar la intención positiva de nuestro hijo, nos podemos preguntar también “en qué contribuyo yo para que mi hijo actúe como actúa”. Las relaciones no son unidireccionales, sino que tienen una causalidad circular. Lo que yo hago y digo influye directamente en lo que hace y dice mi hijo y así infinitamente. Volvamos al ejemplo de Juan y su padre. El hecho de que el padre le regañe y le grite ante la supuesta negativa a salir de casa a la hora prevista, provocará que en él un estado de nerviosismo que empeorará la situación, alargando aún más la salida de casa, o bien se creará un conflicto más grande que el propio problema inicial. Ser conocedores de nuestra contribución en las situaciones relacionales hace que tomemos responsabilidad de nuestros actos como padres y seamos capaces de encontrar una solución satisfactoria para ambos con más probabilidad.

Como padres, por lo tanto, tenemos que pasar de formar parte del problema a formar parte de la solución. Conocer conceptos como la intención positiva o la contribución personal a la situación relacional permite gestionar los conflictos y disminuirlos al máximo, mejorando el ambiente familiar y el vínculo entre los miembros.

Helena Alvarado

Psicóloga general sanitaria colegiada B1080 en Instituto Balear de Pediatría. Profesora asociada de la UIB.

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